Parque del este en 2010, posiblemente febrero, o marzo.
No recuerdo, aunque quisiera.
Fue un día agradable, con mis amigas también.
Yo necesito de algún alter-ego.
Constantemente.
Y justo ayer lo conversábamos en familia. Lo importante que es la figura del alter-ego en el creador de teatro (guionista, escritor, actriz/actor), para poder transformarse. Y salió como ejemplo, (uno que muchas veces, antes, había citado en mi cabeza): Dr Jeckyll y Mr Hyde.
Cómo Mr Hyde es la antítesis de Dr Jeckyll y viceversa. Sobre cómo, inherentemente, en el caso del creador de teatro, específicamente, se vuelcan infinidad de perfiles íntimos de nuestra personalidad (en los zapatos del creador de trabajo, como ejemplo) en el personaje a crea o interpretar.
Imagino que sucederá, tanto inherente, como a propósito. Una de mis "tesis" bobas, de esas que saco cuando no tengo otras cosas en qué pensar, es la conclusión de que el ser humano, que no viva, ni sienta, ni piense, todo lo que pueda, y al máximo, en esta vida, o por lo menos no sepa que es una de sus funciones básicas, simplemente "está frito". Porque en el principio del principio, el hombre lo tenía todo: comida, agua, ambiente. Lo tenía todo, incluso inteligencia y un cuerpo sensorial en potencia. ¿Entonces, para qué vino al mundo, si no es para vivir? ¡Vivir a toda intensidad!
Antes no existían pudores, ni tabúes, ni secretos. Existían misterios, porque no había respuestas posiblemente (he ahí el misterio de Dios), pero, entonces, en estos tiempos, una de las mejores maneras de confrontar la realidad y de extender nuestra personalidad, implica un alter-ego.
Ahora, por inseguridad misma ( la cual es tan natural como muchísimas otras cosas) nos ha llevado a inhibirnos de demostrar ese lado que le otorgamos al alter, para que el lo interprete por nosotros.
No tiene por qué ser tan conflictiva ni meticulosa la cuestión, pero sí es muy interesante, cómo se puede desenredar tanto, pero taaanto, taaanto.
En psicología puede que den estas cosas; no lo sé...
Mi alter-ego, favorito, de tantos, es Ofelia. Ofelia, como Ofelia de Hamlet.
Mucho drama, drama, y más drama.
Escenas épicas, medievales.
Espadas, flores, castillos y lagunas.
Más flores y colores pasteles.
Es posible que nadie lea esto, pero, para cuando lo hagan, sabrán que lo escribí hoy, hoy, hoy
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